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Val del Omar: creyente del cinema por Maquinaria de la nube

El que ama arde, y el que arde vuela a la velocidad de la luz.

José Val del Omar, Tientos de Erótica Celeste 

Fotograma de Aguaespejo Granadino, José Val del Omar, 1953-55

Escribir un texto que logre aproximarnos a la obra de José Val del Omar nunca ha sido y nunca será fácil: la sigilosa pero constante onda expansiva de una producción cinematográfica relativamente escasa -apenas una decena de cortometrajes a lo largo de toda su vida, y varios de ellos inacabados o completamente ilocalizables por los investigadores de su obra hasta hace muy poco- así como el modo en que ésta producción se relaciona con la vasta concepción de la realidad de la que nace, lo dificulta enormemente. Val del Omar es ante todo, y primero de todo, un creador integral, un verdadero hombre del renacimiento: poeta, inventor, cineasta, músico, pensador… todas las facetas inseparablemente unidas en la figura de un creador muy desconocido dentro y fuera de nuestras fronteras, aunque afortunadamente el panorama está cambiando. Las líneas que aquí siguen solo pueden ser insuficientes.

José Val del Omar (Granada, 1904- Madrid, 1982) explicaba en uno de sus ensayos que de niño le gustaba meterse debajo de la cama para realizar sus propias proyecciones, sirviéndose únicamente de una linternita y unos trozos de cristal pintado. Sintió como pocos la fe en el cine, y su pasión no decreció a lo largo de su vida sino que se expandió hasta donde el tiempo y la materia le dieron lugar, llegando a experimentar al final de su vida con la holografía, el vídeo, y el láser. Y entre ambos extremos (desde esa pequeña linternita infantil hasta el láser) una larguísima labor de investigación y creación: la patente de una enorme lista de aparatos de proyección y de sonido: lentes de ángulo variable y de proyección apanorámica, Sistema Diafónico, Sistema VDO Bi-Standard 35, Laserfonía, Picto-Lumínica-Audio-Tactil; y una lista aún mayor de proyectos aparentemente delirantes y nunca llevados a la práctica a excepción del terreno de pruebas de su propio laboratorio: Óptica Biónica Energética Ciclo-Tactil, Relieve Psico-abstracto, Pantalla Corpórea, Fara-tacto, efectos de cero-gravedad…

Logotipo y prototipo de Diáfono

Esta larga lista de patentes puede dar idea de la constante tentativa de Val del Omar de dotarse de los únicos instrumentos que podrían haber dado sentido completo a sus creaciones cinematográficas, obras cuya forma y contenido se fundamentaban en una compleja visión poética de la existencia que no dejó plasmada únicamente en su cine sino también en un conjunto de poemas que póstumamente fueron agrupados bajo el título de Tientos de Erótica Celeste. Siempre me ha parecido que estos poemas acusan la influencia de San Juan de la Cruz y hasta de Rimbaud, pero también de los futuristas, y es que con este granadino las fronteras formales y de género tiemblan y caen. Val del Omar redactó también numerosos escritos a modo de manifiestos, conferencias, o propuestas tecnológicas, textos que a menudo ilustraba con sus propias fotografías y collages. Palabra o texto, en todas estas manifestaciones se cuela siempre el hálito de un poeta. Se ha dicho que el lenguaje de la mística es siempre el lenguaje de lo inefable, y que por ello, cuando alcanza su materialización más exacta, no puede ser sino un lenguaje deconstruido o recompuesto (como lo es el lenguaje poético). La palabra es opaca, el acto es luz, escribió Val del Omar, y yo añadiría que la luz a la que este verso se refiere no es -o no es únicamente- una luz solar o trascendente, sino la luz mecánica del cine. Es todo esto lo que explica que el horizonte estético y tecnológico de Val del Omar recibiera de su autor un neologismo para su invocación: la Mecamística.

Dos collages de Val del Omar

Pero del mismo modo que en Val del Omar se dan cita el utopista y el técnico solvente (o lo que los griegos llamaron tecnos, es decir, aquel que plantea su propia meta en el plano teórico para luego superarla sobre el terreno), también se daba otra ambivalencia que encuentro quizás más interesante: la del espectacularista convencido, por un lado, y la del artista contracultural, por otro. Es decir, el creyente del cinema, el integrado (como diría Umberto Eco) que ve en el cine y todos sus artificios una herramienta socialmente positiva y enormemente poderosa, pero también el poeta inconforme cuyo discurso radical, muy fuera del cualquier tono político, se encamina a la modificación de la percepción existencial. En esta dicotomía se contienen dos posiciones de gran importancia en relación a la idea de espectáculo en el mundo contemporáneo, y me refiero a dos posiciones tradicionalmente enfrentadas pero que en Val del Omar se dan de forma muy singularmente simultánea, a saber: la visión positiva y socialmente integradora de Marshall MacLuhan (1911-1980) acerca del papel de las tecnologías de la comunicación en la conformación de un nuevo modelo social (el granadino estuvo siempre convencido de que se había adelantado al candiense en sus teorías), y la tenaz crítica de Guy Debord (1931-1994), que en La sociedad del espectáculo (1967) llamaba a la insurrección contra el discurso alienante que la sociedad de consumo nos impone por los medios espectaculares. En su estado más puro, la poética cinematográfica valdelomariana no es sino la articulación de un discurso profundamente heterodoxo a través de los medios tecnológicos más avanzados, es decir, la quijotesca tentativa de transformar unos medios espectaculares cuyo manejo pertenece por definición a las altas esferas del capitalismo en herramientas de crecimiento social y espiritual.

Fotografías y fotogramas de filmaciones de Val del Omar durante las Misiones Pedagógicas. Viejos y niños quedaban arrobados con las peripecias de Charlot en la pantalla

A este progreso o mutación social o espiritual, que sin ninguna duda tiene sus raíces en su experiencia personal como integrante de las Misiones Pedagógicas de la Segunda República, Val del Omar lo denominaba aprojimación, es decir, aproximación al prójimo, empatía, solidaridad, tolerancia. En el basamento de este ideario, que Val del Omar construye y moldea a lo largo de toda su vida se detectan los ecos de las utopías artísticas y sociales vanguardistas entre las que se germinó su vocación, pero también, no hay que olvidarlo, la elocuencia retórica de las ambiciosísimas aspiraciones históricas del fascismo y del socialismo triunfante de los años treinta. Si el desempeño de este rol tan complejo es ya de por sí difícil, cuánto no habría de serlo en el contexto que le tocó en suerte, en un primer momento por la falta de medios de la españa republicana, y posteriormente asfixiado bajo la losa del régimen franquista y la depresión económica e intelectual de la posguerra. Ante este panorama, Val del Omar optó por la concentración de sus esfuerzos creativos, de modo que sus cintas más logradas se reducen a tres únicos cortometrajes: Aguaespejo Granadino (1955), Fuego en Castilla (1961) y Acariño Galaico (pieza póstuma), que conforman lo que él llamó Tríptico Elemental de España.

fotogramas de Fuego en Castilla (1958-1960). Derecha: collage realizado con fotogramas de Fuego en Castilla para publicitar el sistema de Tactilvisión

Las imágenes de estos cortometrajes giran en torno a lo que el cineasta entendió como esencialmente español (el tenebrismo y el misticismo castellano, pero también la cultura del agua y de la luz de Andalucía) transformándolo en un espectáculo total, visualmente lírico, y profundamente sugestivo. Este granadino de rostro afilado y complexión delgada pretendió revolucionar lo que el mundo entero entendía por cine. Quería “incendiar” las salas de cine, “prender fuego” a los espectadores:

…la proyección de la obra de Val del Omar [Aguaespejo Granadino] fue un revulsivo en la placidez del Festival de la Kurfürstendamm (1956): Val del Omar no solo exigió cambiar la instalación estereofónica adaptándola a su sonido diafónico, en pantalla y fondo de la sala, sino que, ante la perplejidad espantada de los técnicos del Festival, agregó un sistema adaptador suyo que habíamos traído de Madrid para colocarlo al segundo proyector de la cabina del Cinema Gloria-Palast y con todo ello, al mismo tiempo que surgían en la pantalla las imágenes de “Aguaespejo”, todas las paredes y techo de la gran sala se movían con imágenes abstractas imbricadas en las secuencias y ritmos del film. Se trataba de la primera experiencia, en caliente, montada e interpretada por Val del Omar mismo, de “desbordamiento apanorámico de la imagen” que expondría en el IX Congreso Internacional de Técnica Cinematográfica, en Turín el año siguiente.

Val del Omar Sin Fin (1992), Gonzálo Sáenz De Buruaga

Espejos deformantes y diversas fuentes de luz pulsatoria utilizadas durante el rodaje de Fuego en Castilla, 1958-1960

Y del mismo modo que una expresión técnica particularmente característica de Val del Omar como es la Luminosidad Tactil introduce no solo una paradoja verbal de fuerte raíz poética sino también una paradoja plástica que afecta a la integración de vías sensoriales tradicionalmente divergentes (vista y tacto), del mismo modo habría que dilucidar si el así llamado Desbordamiento Apanorámico de la Imagen (que como hemos visto consiste en la extensión de las proyecciones más allá del marco impuesto por la pantalla de la sala), atañe o no a la evolución del cine entendido en su sentido tradicional. La refundación cinematográfica a la que Val del Omar aspiraba iba mucho más allá de las audacias formales de los cineastas más rompedores, ya que estos seguían circunscribiendo sus obras a los medios preexistentes, tanto los de elaboración como los de difusión. La obra toda de José Val del Omar es un fascinante –y desconocidísimo aún- punto de inflexión y concentración en la evolución de las artes audiovisuales que van desde los espectáculos totales del siglo XIX –Panorama, Ciclorama, Cineorama- o de vanguardia -como el Teatro Total de la Bauhaus- pasando por la eclosión espectacularista holywoodiense de los años cincuenta y sesenta (Circarama, Cinerama) hasta llegar a dispositivos técnicos que actualmente nos son habituales como el Surround, el cine envolvente, o la realidad virtual, elementos todos ellos a los que de un modo u otro el granadino se anticipó.

Fotograma de Acariño Galaico o De barro, José Val del Omar, 1961/1981-82/1995

En estos momentos se suceden las publicaciones y las exposiciones que nos recuerdan la aportación de este cineasta marginal, pero aún está por reivindicar, por ejemplo, su papel como artista sonoro. La inefabilidad de su horizonte estético y la incomprensión a la que se vio sometido durante toda su vida pueden dar la medida de este creador que jamás comulgó con discurso político alguno, y que atravesó de una a otra punta el erial tecnológico y cultural que supuso la dictadura franquista. “Pero ¿De qué vives?” le preguntaban los amigos, “de milagro”, respondía el cineasta. ¿Un genio? ¿Un loco? ¿Un visionario? A él le gustaba llamarse cinemista. Osea, un alquimista del cine.

Fotografías de experimentos P.L.A.T. (Picto Lumínica Audio Tactil)

Valdelomar.com

Fondo Filmográfico José Val del Omar

Via Maquinaria de la nube

Hace unos dias concluia una gran exposicion en torno a Val del Omar en el MNCARS

El trabajo de José Val del Omar (Granada, 1904-Madrid, 1982) sobrepasa los límites del cine y de la técnica, desarrollando una particular relación entre poesía, mística, experiencia e imagen en movimiento a lo largo de toda su carrera.
Frente al cine como un espectáculo meramente contemplativo, Val del Omar teoriza y pone en práctica un cine físico y expandido, resumido en conceptos como el desbordamiento apanorámico y el sonido diafónico.
Este vídeo recoge una conversación con Eugeni Bonet y Javier Ortiz-Echagüe, comisarios de la exposición.

Exposiciones relacionadas:
Desbordamiento de VAL DEL OMAR

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Escritos de técnica, poética y mística. José Val del Omar

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Encuentro. Eugeni Bonet y Javier Ortiz-Echagüe

Experimentacion Sonora visual:
Lagartija Nick y Enrique Morente por Val del Omar