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11:51 am, tesladream
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Eduardo Serrano Medialab Invisible

Cuando nos dicen que las actividades de la Casa Invisible deberían ceñirse exclusivamente al ámbito cultural, resguardándolo de las contaminaciones inherentes a lo social (como sinónimo de conflicto, de lastimosas contradicciones y de no-neutralidad), la verdad es que no sabemos qué contestar. Para nosotras la cultura viva no es posible separarla de los problemas y de las alegrías de la gente, de su día-a-día, de su necesidad de darse en la creatividad . 

La creatividad ya no se puede entender como una urgencia exclusiva de ciertos individuos inquietos o apasionados, eso hace mucho que no hace cultura. Ahora los agentes realmente productivos son colectividades plurales y diversas, “sociales” en el sentido más amplio y beligerante del término: lo político como condición natural de todos y todas por el simple hecho de ser habitantes de la ciudad. 

Nuestra época será recordada como la era en que apareció Internet, pero no en su dimensión técnica, sino como mero soporte de una nueva sociedad. Una sociedad que se expresa tanto en la naciente hermandad de las relaciones a distancia como en la proximidad presencial, allí donde reencontramos la sabiduría del cuerpo. 

Un ejemplo magnífico es el Medialab Invisible, un espacio que se construye a sí mismo en la acción, en la alegría de compartir las ilusiones, conocimientos, ideas y trabajos, en el que es difícil discernir si lo que allí ocurre es docencia, investigación, producción o invención, donde tampoco se sabe dónde terminan las prácticas y dónde empiezan las teorías. Es también el germen de múltiples proyectos, cuyos contenidos perfectamente podrían llamarse en otra época de “vanguardia”, pero que ya a nadie le importa si eso es así o le conviene otras etiquetas, es simplemente lo que es necesario y propio del tiempo que está abriéndose. Porque lo que en el fondo interesa es el construirse así mismas: como personas singulares y a la vez como comunidades de afectos, ambas condiciones recíprocas de existencia.

Eduardo Serrano